Amigo oyente, permítame la osadía de emitirle la siguiente cuestión: ¿Desearía tener o haber tenido, durante un tiempo prolongado, una vida plena y llena de éxito?.

De pocos temas se habrá escrito tanto como del éxito. No hay pensador, literato, filósofo o escritor de todos los tiempos, que haya podido resistir la tentación de ofrecer su particular visión sobre la naturaleza del éxito.

¿Cuántos de nosotros desearíamos estar en el lugar de otras personas que han alcanzado el éxito?.

Desde mi humilde aportación, voy a intentar revelar, a través de un símil, el motivo por el que unas personas alcanzan la cumbre, mientras que otras, a igualdad de condiciones, permanecen en la ladera, lamentando su “mala suerte”.

Pensemos en el bambú japonés. Hay algo curioso que sucede con esta planta. Cuando se planta la semilla, se abona y riega constantemente, se observa que en los primeros meses no sucede nada apreciable. Es más, durante los primeros 7 años no ocurre absolutamente nada con esa semilla. Sin embargo durante el séptimo año, en un período de 6 semanas, esta planta de bambú crece más de 30 metros.

Ahora la pregunta es, ¿tomó esta planta sólo 6 semanas para crecer? ¿o tomó 7 años y 6 semanas? ¿Qué piensa usted? Ciertamente necesitó 7 años para crecer y en estos años de aparentemente inactividad, este bambú desarrolló un sistema complejo de raíces con el que sostener el intenso crecimiento que iba a experimentar.

En este sentido, muchos son los que tratan de encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados sin entender que la gloria, es simplemente el resultado de nuestro crecimiento interno y que requiere tiempo.

Es triste ver cuantas personas renuncian cuando están a punto de conquistar la meta. Sin embargo, el éxito sólo llega a aquellos que perseveran y saben esperar. Cuántos de nosotros, a veces impacientemente criticamos nuestra situación, sin tan siquiera haber puesto la semilla en la tierra o haberla abonado y regado.

Es necesario comprender que absolutamente NADA que valga la pena sucede de la noche a la mañana. El triunfo no es nada más que el resultado de un proceso, que requiere tiempo y dedicación, un proceso que exige la adquisición de nuevos hábitos y la destrucción de otros,  un proceso que exige cambios, a través de la adquisición de nuevos hábitos y la destrucción de otros. 

El éxito tiene un precio, que no está nunca de rebajas, es sólo cuestión de decidir cuanto quiere pagar.